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      <title>Frente al dolor, la pregunta por el destino. La balada de la cárcel de Reading</title>
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      <pubDate>Tue, 18 May 2010 15:01:29 -0300</pubDate>
      <description>&lt;a href=&quot;http://www.capaneo.com.ar/Capaneo/PoetriaMaior/Entradas/2010/5/18_Frente_al_dolor,_la_pregunta_por_el_destino._La_balada_de_la_carcel_de_Reading_files/Oscar_Wilde_by_Napoleon_Sarony_3g07099u.jpg&quot;&gt;&lt;img src=&quot;http://www.capaneo.com.ar/Capaneo/PoetriaMaior/Media/object057_1.jpg&quot; style=&quot;float:left; padding-right:10px; padding-bottom:10px; width:364px; height:174px;&quot;/&gt;&lt;/a&gt;¿De qué otra forma sino/ a través de un corazón roto/ puede ingresar Cristo Nuestro señor?&lt;br/&gt; Con estos versos me fue dedicado el libro, empecé a leerlo por curiosidad, era un regalo de un amigo y no podía hacer menos que sentarme unos segundos, desplegar algunas hojas y adentrarme en el misterioso mundo de la lectura. Porque uno no sabe con qué se encontrará, pero tiene la sensación de que algo sorprendente entrará y lo trastocará por completo.  Y esto es lo que logró La Balada de la Cárcel de Reading. Este texto poético, en forma de balada, que relata la penosa y dolorosa experiencia que el propio autor ha vivido en carne propia, en ese infierno de piedras llamado cárcel.  Sólo bastaron dos páginas para descubrir que ellas acogían el dolor de un hombre, dolor tan intenso que resuena desgarrador, como si no hubiera nada más que hacer, sólo dejar caer los brazos y entregarse a la inmensa angustia de la prisión. Pero, aun en medio de tanto dolor, odio y sufrimiento, podemos toparnos con una presencia que es capaz de exaltar la preguntas últimas de nuestro corazón, un rostro que nos interpela y nos da la paz de reconocer que es Otro el que hace las cosas y quien juzga al hombre. (Cristo aparece entonces como la respuesta última a estas preguntas, y ante esto se pone en juego la libertad). &lt;br/&gt; No creo ser capaz de desarrollar una crítica literaria de la obra, sólo he podido verificar cómo, a través de cada verso de esta balada lastimera, se exalta el drama humano, el drama del hombre frente a su destino, del hombre que debe morir por haber matado lo que amaba... &lt;br/&gt; Oscar Wilde está considerado como uno de los dramaturgos más destacados del Londres victoriano tardío; además, fue una celebridad de la época debido a su puntilloso y gran ingenio. Su reputación se vio arruinada tras ser condenado a dos años de trabajos forzados en la carcel de Reading en un famoso juicio en el que fue acusado de indecencia grave, por una comisión inquisitoria de actos homosexuales.&lt;br/&gt; En este libro el propio autor relata su desgarradora experiencia, aquella que lo enfrenta a la Muerte y a la propia conciencia del Pecado, como aquello que mortifica su vida. El inicio de la balada es el reflejo del tormento del propio condenado, que parece tornarse en certeza cuando, con vehemente ira, la Muerte se apodera de su templanza. Dios aparece entonces como un terrible anhelo, como la única respuesta a ese dolor, pero que, sin embargo, parece no apiadarse de su alma. Es así como su dolor se hace insondable, pero, al ver a aquel que mira tan ansiosamente el dia, sus preguntas parecen no callarse nunca.&lt;br/&gt;El encuentro con una presencia humana&lt;br/&gt;Surge una pregunta sobre el propio destino, a partir de mirar a este hombre que, a punto de ser ejecutado, “mira tan ansiosamente el día”. &lt;br/&gt; Caminaba entre los procesados Con un traje gris raído, Había una gorra cricket en su cabeza Y su paso parecía ligero y alegre Pero nunca vi a un hombre Que mirara tan ansiosamente el día  Nunca vi a un hombre que mirara Con ojos tan ansiosos Esa pequeña cara azul Que los prisioneros llaman cielo Y cada nube flotante que pasaba Con sus velas de plata  Solo supe que pensamiento acosador Apresuraba su paso y porque Miraba el día ostentoso Con ojos tan ansiosos El hombre había matado lo que amaba Y por eso debía morir&lt;br/&gt;Una presencia que me conmueve, la pregunta sobre mi destino&lt;br/&gt;Y yo y todas las almas en pena Que vagabundeábamos en el otro cerco Olvidábamos si nosotros mismos habíamos hecho Algo grande o algo pequeño, Y observábamos con mirada de torva sorpresa Al hombre que debía ser ahorcado  Porque era extraño verlo pasar Con paso tan ligero y alegre Y era extraño verlo mirar Tan ansiosamente el día Y era extraño pensar que él Tuviera tal deuda que pagar&lt;br/&gt;Frente a su destino este hombre no puede más que sentir temor...&lt;br/&gt;Éramos como hombres que por un pantano De asquerosa oscuridad andan a tientes; No nos atrevíamos a susurrar una oración, O a dar espacio a nuestra angustia; Algo estaba muerto en cada uno de nosotros, Y lo que estaba muerto era la Esperanza  Porque el toque de las ocho era el toque del Destino Que hace execrable a un hombre, Y el destino usará un lazo corredizo Para el mejor hombre y para el peor&lt;br/&gt;Pero el Destino último permanece frente a nuestra vida, por lo que nace la pregunta: ¿quién eres? &lt;br/&gt;Pero ni una rosa blanca como la leche ni una roja Puede florecer en el aire de la cárcel; Las cáscaras, los guijarros, los pedernales, Es lo que nos dan allí: Porque se ha sabido que las flores curan La desesperación de un hombre común  De modo que nunca la rosa roja como el vino Ni la blanca Pétalo por pétalo, caerán sobre esa extensión de barro y arena Que yace junto a la pared ominosa de la cárcel, Para contarles a los hombres que andan por el patio Que el hijo de Dios murió por todos  ¡Ah! ¡Felices aquellos cuyos corazones pueden romperse Y ganar la paz del perdón! ¿De que otra forma sino a través de un corazón roto Puede ingresar Cristo, Nuestro Señor?&lt;br/&gt;&lt;br/&gt;Siempre, frente a nuestro Destino último, a la respuesta a las preguntas últimas del corazón se pone en juego nuestra libertad; soy yo quien decide. Es el punto mas concreto en el que se juega la libertad del hombre. Reconozco algo que está y que corresponde hasta con mi propia muerte, que me “libera” y, sin embargo, termino no adhiriendo a él, y decido someter mi humanidad a la ruindad de mi pecado: El hombre había matado lo que amaba, y por eso tenia que morir (¡qué forma de terminar el libro!):&lt;br/&gt; Y allí, hasta que Cristo llame a los muertos, En silencio, déjenlo yacer; No es necesario malgastar lágrimas necias, Ni exhalar suspiros profundos; El hombre había matado lo que amaba, Y por eso tenia que morir. &lt;br/&gt; “Si crees en Dios y no existe un Dios: ¿porque yace una criatura en el fondo de las tinieblas e invoca algo que no existe? ¿Por que sucede así? No existe nadie que oiga la voz que llama en las tinieblas. Pero ¿por qué existe la voz?”&lt;br/&gt;(Pär Lagerkvist)&lt;br/&gt; Julio César Lozeco &lt;br/&gt;</description>
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      <title>“Yo que incansable corro tras la hija ardiente de una visión”</title>
      <link>http://www.capaneo.com.ar/Capaneo/PoetriaMaior/Entradas/2010/5/12_Yo_que_incansable_corro_tras_la_hija_ardiente_de_una_vision.html</link>
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      <pubDate>Wed, 12 May 2010 00:44:15 -0300</pubDate>
      <description>&lt;a href=&quot;http://www.capaneo.com.ar/Capaneo/PoetriaMaior/Entradas/2010/5/12_Yo_que_incansable_corro_tras_la_hija_ardiente_de_una_vision_files/Becquer.jpg&quot;&gt;&lt;img src=&quot;http://www.capaneo.com.ar/Capaneo/PoetriaMaior/Media/object058_1.jpg&quot; style=&quot;float:left; padding-right:10px; padding-bottom:10px; width:365px; height:175px;&quot;/&gt;&lt;/a&gt;El otro día cayó en mis manos una vez más las “Rimas” de Bécquer. Las leí varias veces,  pero esta vez me sorprendí por algunos de sus poemas. Sus versos son simples y claros, además, se pueden guardar algunos en el bolsillo para sorprender a alguna chica desprevenida con algún piropo refinado como este:&lt;br/&gt;Si al mecer las azules campanillas&lt;br/&gt; de tu balcón,&lt;br/&gt;Crees que suspirando pasa el viento&lt;br/&gt;murmurador, &lt;br/&gt;Sabe que oculto entre las verdes hojas&lt;br/&gt;Suspiro yo. (XVI, 1-5)&lt;br/&gt;&lt;br/&gt;Una vez que ya la chica se alejó, posiblemente no brindando la poesía de Bécquer ningún beneficio práctico, podemos entrar en poemas más serios. Hay uno que habla de una situación existencial que, según me parece, compartimos todos: una división, una fractura entre lo que amamos, hacemos y sentimos y el deseo de algo mejor, más bello y más placentero que el mundo entero: el deseo del Ideal.&lt;br/&gt;El primer factor que aparece al leer las “Rimas” es la falta de certeza que envuelve la existencia del hombre. El libro, de hecho, se abre con una definición de lo que es el hombre:&lt;br/&gt;&lt;br/&gt;Saeta que voladora&lt;br/&gt;cruza arrojada al azar,&lt;br/&gt;y que no sabe dónde&lt;br/&gt;temblando se clavará;&lt;br/&gt;hoja que del árbol seca&lt;br/&gt;arrebata el vendaval,&lt;br/&gt;sin que nadie acierte el surco&lt;br/&gt;donde al polvo volverá;&lt;br/&gt;gigante ola que el viento&lt;br/&gt;riza y empuja en el mar,&lt;br/&gt;y rueda y pasa, y se ignora&lt;br/&gt;qué playa buscando va;&lt;br/&gt;luz que en cercos temblorosos&lt;br/&gt;brilla próxima a expirar&lt;br/&gt;y que no se sabe de ellos&lt;br/&gt;cuál el último será;&lt;br/&gt;eso soy yo que al acaso&lt;br/&gt;cruzo el mundo sin pensar&lt;br/&gt;de dónde vengo ni adónde&lt;br/&gt;mis pasos me llevarán. (II)&lt;br/&gt;“Ese soy yo que al acaso cruzo el mundo sin pensar”, este tema se repite en otras poesías. Hay una en la que el tema sufre una vuelta de tuerca peculiar, porque Bécquer introduce un nuevo factor a la hora de definir qué es el hombre. Transcribo la poesía:&lt;br/&gt;&lt;br/&gt;Cuando miro el azul horizonte&lt;br/&gt;perderse a lo lejos,&lt;br/&gt;al través de una gasa de polvo&lt;br/&gt;dorado e inquieto;&lt;br/&gt;me parece posible arrancarme&lt;br/&gt;del mísero suelo&lt;br/&gt;y flotar con la niebla dorada&lt;br/&gt;en átomos leves&lt;br/&gt;cual ella deshecho!&lt;br/&gt;Cuando miro de noche en el fondo&lt;br/&gt;oscuro del cielo&lt;br/&gt;las estrellas temblar como ardientes&lt;br/&gt;pupilas de fuego;&lt;br/&gt;me parece posible a do brillan&lt;br/&gt;subir en un vuelo,&lt;br/&gt;y anegarme en su luz, y con ellas&lt;br/&gt;en lumbre encendido&lt;br/&gt;fundirme en un beso.&lt;br/&gt;En el mar en la duda en que bogo&lt;br/&gt;ni aún sé lo que creo;&lt;br/&gt;sin embargo estas ansias me dicen&lt;br/&gt;que yo llevo algo&lt;br/&gt;divino aquí dentro.&lt;br/&gt;Esta vez hay algo diferente: no comienza por la duda, sino por la maravilla que le provoca contemplar la naturaleza. Maravilla que se vuelve un deseo de aferrar el cielo entero, en esa medida amplia e imposible con la que se presenta a nuestros ojos. Este deseo desmesurado, como el horizonte azul o como la noche oscura, se transforma casi inmediatamente es una certeza que atraviesa incluso “el mar de duda en que bogo”. Tan tenaz es el sentir que presiente, intuye que está hecho por Otro, por algo divino, inconmensurable, infinito.&lt;br/&gt;Este es el segundo factor que me interesa señalar: Bécquer reconoce, afirma y quiere poseer la medida inconmensurable que la naturaleza despierta en él, amplitud que vence incluso la duda e incertidumbre en la que vive.&lt;br/&gt;Este deseo de algo imposible, infinito, inmenso se ve afirmado vehementemente en otra poesía suya. Aquí va:   &lt;br/&gt;&lt;br/&gt;—Yo soy ardiente, yo soy morena,&lt;br/&gt;yo soy el símbolo de la pasión,&lt;br/&gt;de ansia de goces mi alma está llena.&lt;br/&gt;¿A mí me buscas?&lt;br/&gt;                                        —No es a ti, no.&lt;br/&gt;&lt;br/&gt;—Mi frente es pálida, mis trenzas de oro,&lt;br/&gt;puedo brindarte dichas sin fin.&lt;br/&gt;Yo de ternura guardo un tesoro.&lt;br/&gt;¿A mí me llamas?&lt;br/&gt;                                        —No, no es a ti.&lt;br/&gt;&lt;br/&gt;—Yo soy un sueño, un imposible,&lt;br/&gt;vano fantasma de niebla y luz.&lt;br/&gt;Soy incorpórea, soy intangible,&lt;br/&gt;no puedo amarte.&lt;br/&gt;                                      —¡Oh ven, ven tú! (XI)&lt;br/&gt;&lt;br/&gt;Ni el placer, ni la gloria pueden satisfacerlo, él necesita otra cosa: “un imposible, vano fantasma de niebla y luz”. La percepción del Ideal es aguda, porque se percibe que lo que se ama es algo que está fuera de la capacidad del hombre. Pero este reconocimiento está rodeado de una lejanía, de una extrañeza, de “una niebla”: “Soy incorpórea, soy intangible, no puedo amarte”, aquí está la lejanía más dura, porque para Bécquer lo que necesita, lo que anhela es algo de lo que no puede o podrá hacer experiencia. Sin embargo, no deja de reconocer la anhelo que determina su ser: “—¡Oh ven, ven tú!”. Transcribimos otra poesía en donde concibe todo su ser como relación con un tú, pero no cualquier tú, sino el Misterio que hace las cosas:&lt;br/&gt;&lt;br/&gt;Cendal flotante de leve bruma,&lt;br/&gt;rizada cinta de blanca espuma,&lt;br/&gt;rumor sonoro&lt;br/&gt;de arpa de oro,&lt;br/&gt;beso del aura, onda de luz,&lt;br/&gt;                                 eso eres tú.&lt;br/&gt;¡Tú, sombra aérea que cuantas veces&lt;br/&gt;voy a tocarte te desvaneces&lt;br/&gt;como la llama, como el sonido,&lt;br/&gt;como la niebla, como un gemido&lt;br/&gt;                               del lago azul!&lt;br/&gt;En mar sin playas onda sonante,&lt;br/&gt;en el vacío cometa errante,&lt;br/&gt;largo lamento&lt;br/&gt;del ronco viento,&lt;br/&gt;ansia perpetua de algo mejor,&lt;br/&gt;                                 eso soy yo.&lt;br/&gt;¡Yo, que a tus ojos en mi agonía&lt;br/&gt;los ojos vuelvo de noche y día;&lt;br/&gt;yo, que incansable corro y demente&lt;br/&gt;tras una sombra, tras la hija ardiente&lt;br/&gt;de una visión! (XV)&lt;br/&gt;Este tú es una belleza que huye, que está siempre más allá de sus intentos, “cuando voy a tocarte, te desvaneces”, y él es deseo de ella, “ansia perpetua de algo mejor”. Este tú acapara toda la atención del poeta (“Yo, que a tus ojos…los ojos vuelo de noche y día”), ya no es una mujer, sino la Mujer, “la hija ardiente de una visión”.&lt;br/&gt;Pero esta vertiginosa intuición dura poco y pronto se vuelve amargura. Parece que el primer factor, la duda, retoma su protagonismo perdido:&lt;br/&gt;&lt;br/&gt;Hoy como ayer, mañana como hoy,&lt;br/&gt;¡y siempre igual!&lt;br/&gt;Un cielo gris, un horizonte eterno&lt;br/&gt;y andar... andar.&lt;br/&gt;Moviéndose a compás como una estúpida&lt;br/&gt;máquina el corazón:&lt;br/&gt;la torpe inteligencia del cerebro&lt;br/&gt;dormida en un rincón.&lt;br/&gt;El alma, que ambiciona un paraíso,&lt;br/&gt;buscándole sin fe;&lt;br/&gt;fatiga sin objeto, ola que rueda&lt;br/&gt;ignorando por qué.&lt;br/&gt;Voz que incesante con el mismo tono&lt;br/&gt;canta el mismo cantar,&lt;br/&gt;gota de agua monótona que cae,&lt;br/&gt;y cae sin cesar.&lt;br/&gt;(…) (LVI)&lt;br/&gt;Ya no es la falta de certeza sobre la existencia, sino la afirmación del fracaso del hombre: “El alma, que ambiciona un paraíso (…) fatiga sin objeto”. La insatisfacción constante se vuelve amargura y monotonía:&lt;br/&gt;&lt;br/&gt;“(…) La Gloria y el Amor tras que corremos&lt;br/&gt;sombras de un sueño son que perseguimos;&lt;br/&gt;¡despertar es morir! (LXIX)&lt;br/&gt;Patricio Perkins&lt;br/&gt;</description>
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      <title>Carta abierta a los profesores de letras</title>
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      <pubDate>Wed, 12 May 2010 00:12:11 -0300</pubDate>
      <description>&lt;a href=&quot;http://www.capaneo.com.ar/Capaneo/PoetriaMaior/Entradas/2010/5/12_Carta_abierta_a_los_profesores_de_letras_files/Coldstream%20%281937%29%20On%20the%20map.jpg&quot;&gt;&lt;img src=&quot;http://www.capaneo.com.ar/Capaneo/PoetriaMaior/Media/object059_1.jpg&quot; style=&quot;float:left; padding-right:10px; padding-bottom:10px; width:365px; height:174px;&quot;/&gt;&lt;/a&gt;Más que una carta, esta es una súplica. O algo donde la invectiva, la súplica y el silencio se siguen en una extraña, definitiva inversión. Les digo: Son monjes. Y guerreros. No traicionen también ustedes, en esta traición general de clérigos y periodistas, de “expertos” en comunicación y de editores o agencias de eventos culturales… Son monjes y guerreros en custodia y en incremento de un bien precioso, que casi nadie más comprende. O del cual muchos hablan pero ya apergaminados y en naftalina de retórica o de buenas intenciones… La llaman: literatura. Pero no es otra cosa que vida continuamente despierta de la lengua, de la primera y humilde y rica relación de la cual la naturaleza la ha dotado. Es a través de la lengua, vida que se despierta a la vida, es decir, a la conciencia. Son monjes y guerreros de la vida de la lengua, que es como decir vida del pensamiento – o de la razón, en otras palabras. Porque ¿qué es la literatura? ¿Pilas de libros que atascan las librerías? ¿Clasificaciones en el fondo del Corriere? ¿O agregados de La Repubblica&lt;a href=&quot;http://www.blogger.com/post-create.g?blogID=1072267121573034107#_ftn1&quot;&gt;[1]&lt;/a&gt;? ¿O biblioteca de las bibliotecas? ¿O la última de las modas? ¿Un elenco de clásicos opuestos a otros? No, la literatura o como la quieran llamar ese túnel de voces, es una experiencia. Están, quiéranlo o no, en el frente de una guerra que tiene en el estandarte la desaparición del fenómeno llamado poesía, es decir, una guerra sobre la raíz misma de la experiencia lingüística en su aspecto de correspondencia tentada con el mundo, de respuesta al secreto que de las cosas impresiona e invita. No la desaparición, no. Porque no desaparecerá nunca, estando entre los fenómenos humanos primarios. Como el hambre, como el sexo, y el luto. Pero su reducción por malentendido. Su anestesia. La colocación entre los aburridos entretenimientos, o bien entre las paradojas más inútiles. En cambio, la vida nos llama, desde pequeños, a no usar sólo los nombres del registro de población. No bastan las palabras del registro establecidas por las leyes o esa frecuentemente más tétrica y mísera imposición (y con qué formidables instrumentos) por el uso. A la amada, a los hijos inventamos sobrenombres para probar a decir lo que de ellos, en ternura y temor, nos dice. Dante decía que a veces se usan las palabras para decir lo que no se sabe. La lengua abierta y tendida al secreto del mundo es el inicio y para decirlo así el concierto de la literatura. Al corazón, a la razón no bastan las palabras apagadas que nos meten en la boca. Si el corazón y la razón están todavía vivos. Si escuchan el mundo. Si reciben el golpe de presencia. Son monjes, y guerreros. Mal pagos. Puestos a trabajar a veces en condiciones espantosas. Entre editores y, frecuentemente, dirigentes que no entienden nada de todo esto. En ámbitos donde todo parece concurrir a mortificar la vida, y por lo tanto también la lengua. Entre burocracia, pruritos que parecen pestilencias, y agitación muerta de la costumbre. Tentados a hacer como todos, parándose detrás de cuestiones municipales o familiares. Parándose detrás de la dificultad. Pero el monje y el guerrero habitan la dificultad. No hacen sólo un oficio. Hacen ciento mil cosas por el éxito de la buena batalla. Si tienen dificultades económicas vayan a robar, hagan las únicas expropiaciones que tendría sentido hacer. O hagan cooperativas, ligas de profesores de letras, mutualidades, hagan la cuestación. Deberían pagarles por millones, otra que a los grandes managers… Y tanto porque su única dignidad profesional está dada por haber hecho temblar o abrir los ojos a alguno leyendo la página de una obra maestra como si se estuviera escribiendo ahora ahí con ustedes, colaborando a escribirla toda su vida. No es cuestión de dinero. Y no importa si corajudos o cultísimos, o si temblando o jactanciosos. El hecho es que están ahí, ahora, en esta especia de trinchera, en este combate cuerpo a cuerpo. Está en sus manos –en la de ustedes más que en otras- la responsabilidad de no hacer morir el dulce sonido y el movimiento de nuestra lengua italiana. Lengua de poesía sobre todo, como aconteció en Francesco&lt;a href=&quot;http://www.blogger.com/post-create.g?blogID=1072267121573034107#_ftn2&quot;&gt;[2]&lt;/a&gt;, en Jacopone&lt;a href=&quot;http://www.blogger.com/post-create.g?blogID=1072267121573034107#_ftn3&quot;&gt;[3]&lt;/a&gt;, luego en Dante, en Petrarca, hasta en Leopardi, al león Ungaretti y en tantos, muchísimos que han probado en sus diversas medidas y respiros alivio y justicia a las palabras. Tratándolas por lo que son: instrumentos con los cuales seguir a la verdad e indicarla, como un Juan Bautista que clama en el desierto, o como el sobresalto en el vientre de Isabel. Vivimos en una época de palabras apagadas. En una inflación de palabras que reciben las generaciones que no es verdad que leen poco; leen mucho –desde los sms a las publicidades, a los diarios gratis en el subte- pero todas cosas en las que las palabras están muertas. Lectura en la que no hay vida. Donde no se pide nada a quien lee, sólo su dinero, o la opinión, o el voto. Olvídense de los programas, los vencimientos, los esquemas analítico-históricos… Háganlos por el mínimo indispensable. Que está cerca del cero. ¿El esquema histórico de la literatura de qué le sirve a un chico, si no aprende el gusto y el escándalo de la literatura? Pónganse de pie, más bien, lean. Hagan teatro de esta vida de la lengua cuando en ella llega el golpe de la vida. Esta duplicación de la vida. Hagan como han visto hacer delante de ustedes a quien ha leído grandes páginas de literatura llenándolas de sí mismo, de la propia demanda de felicidad y descubriendo el secreto del mundo. Hagan así, como los monjes en pie, y los guerreros. Porque la nada se muestra por todos lados. Y baja sobre los senderos y sobre las rutas de su posible pereza, de su inapelable buena conciencia, de su malentendido sentido del deber. El destino me ha asignado una pequeña parte en escribir versos, libros, míos y de otros. Y ahora este librito de lecturas compartidas. A ustedes la parte de indicar y de compartir la palabra encendida de la literatura. No dejen que se apague, en ojos engañados de aburrimiento por las frases de propagandas. Mi ministerio es el de ustedes, y el campo minado es el mismo. Disculpen, más bien, no disculpen la molestia.&lt;br/&gt;&lt;br/&gt;Davide Rondoni&lt;br/&gt;Traducción: Lucas Esandi&lt;br/&gt;&lt;br/&gt;&lt;a href=&quot;http://www.blogger.com/post-create.g?blogID=1072267121573034107#_ftnref1&quot;&gt;[1]&lt;/a&gt; Se refiere los diarios italianos Il Corriere Della Sera y La Repubblica.&lt;br/&gt;&lt;a href=&quot;http://www.blogger.com/post-create.g?blogID=1072267121573034107#_ftnref2&quot;&gt;[2]&lt;/a&gt; San Francisco de Asís, a quien se atribuye uno de los primeros testimonios literarios en lengua vernácula (“el canto de las criaturas”). Mayormente con presencia de voces umbras, puesto que el santo habitaba Umbría.&lt;br/&gt;&lt;a href=&quot;http://www.blogger.com/post-create.g?blogID=1072267121573034107#_ftnref3&quot;&gt;[3]&lt;/a&gt; Jacopone da Todi, junto con San Francisco, está entre los primeros autores en lengua vernácula, sobre todo de tema religioso. Es famoso su “Lamento de la Virgen María”.</description>
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      <title>Infierno II, 127-132. El símil más humano de la Comedia </title>
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      <pubDate>Sun, 9 May 2010 23:35:45 -0300</pubDate>
      <description>&lt;a href=&quot;http://www.capaneo.com.ar/Capaneo/PoetriaMaior/Entradas/2010/5/9_Infierno_II,_127-132._El_simil_mas_humano_de_la_Comedia_files/2007_Ice_hymenoxys+Pam+Penick.jpg&quot;&gt;&lt;img src=&quot;http://www.capaneo.com.ar/Capaneo/PoetriaMaior/Media/object003_1.jpg&quot; style=&quot;float:left; padding-right:10px; padding-bottom:10px; width:263px; height:236px;&quot;/&gt;&lt;/a&gt;Dante no se atreve a seguir por el miedo que siente. Entonces, Virgilio le dice que la misma Beatriz, Lucía y la Virgen María cuidan de él en el cielo, y que su amada le pidió a él que lo ayudara a Dante. Nuestro poeta, al conocer los designios celestes, nos dice con este memorable símil, en los versos 127-132:&lt;br/&gt;&lt;br/&gt;Quali fioretti dal notturno gelo&lt;br/&gt;Chinati e chiusi, poi che ‘l sol li ‘mbianca &lt;br/&gt;Si drizzan tutti aperti in loro stelo&lt;br/&gt;&lt;br/&gt;Tal mi fec’io di mia virtute stanca,&lt;br/&gt;E tanto buono ardire al cor mi corse&lt;br/&gt;Ch’i’ cominciai come persona franca:&lt;br/&gt;&lt;br/&gt;Como las flores por la helada nocturna&lt;br/&gt;Inclinadas y cerradas, luego que el sol las ilumina&lt;br/&gt;Se enderezan todas abiertas en su tallo&lt;br/&gt;&lt;br/&gt;Tal me hice yo de mi virtud cansada&lt;br/&gt;Y tan buen arder al corazón me vino&lt;br/&gt;Que yo comencé como persona franca:...&lt;br/&gt;&lt;br/&gt;Es la luz lo que lo hace enderezarse, como a las flores inclinadas y cerradas por nocturnas heladas. La luz que nos hace arder el corazón. Es extraordinario encontrar alguien que conociera tanto el alma humana. Reconocerse en Dante es una experiencia que hay que vivir en vida, un viaje para riveder le stelle y contemplar la Belleza.&lt;br/&gt;&lt;br/&gt;Lucas Esandi</description>
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      <title>Coros de la Roca VIII (T. S. Eliot)</title>
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      <pubDate>Sun, 9 May 2010 21:50:38 -0300</pubDate>
      <description>&lt;a href=&quot;http://www.capaneo.com.ar/Capaneo/PoetriaMaior/Entradas/2010/5/9_Coros_de_la_Roca_VIII_%28T._S._Eliot%29_files/construccion.png&quot;&gt;&lt;img src=&quot;http://www.capaneo.com.ar/Capaneo/PoetriaMaior/Media/object019_1.png&quot; style=&quot;float:left; padding-right:10px; padding-bottom:10px; width:332px; height:224px;&quot;/&gt;&lt;/a&gt;VIII&lt;br/&gt;&lt;br/&gt;Oh Padre, damos la bienvenida a tus palabras.&lt;br/&gt;Y reuniremos coraje para el futuro,&lt;br/&gt;recordando el pasado.&lt;br/&gt;&lt;br/&gt;Los paganos han llegado a tu heredad,&lt;br/&gt;y tu templo han mancillado.&lt;br/&gt;&lt;br/&gt;¿Quién es este que viene de Edom?&lt;br/&gt;&lt;br/&gt;Ha pisado solo la uva en el lagar.&lt;br/&gt;&lt;br/&gt;Vino uno que habló de la vergüenza de Jerusalén&lt;br/&gt;y los santos lugares mancillados;&lt;br/&gt;Pedro el Eremita, que flagelaba con palabras.&lt;br/&gt;Y entre sus oyentes había unos pocos hombres buenos,&lt;br/&gt;muchos que eran malos,&lt;br/&gt;y los más que no eran ninguna de las dos cosas.&lt;br/&gt;Como todos los hombres en todos los lugares.&lt;br/&gt;&lt;br/&gt;Fueron algunos por amor a la gloria,&lt;br/&gt;fueron algunos que eran inquietos y curiosos,&lt;br/&gt;algunos eran rapaces y lascivos.&lt;br/&gt;Muchos dejaron sus cuerpos a los milanos de Siria&lt;br/&gt;o dispersados por el mar a lo largo de los viajes;&lt;br/&gt;muchos dejaron sus almas en Siria,&lt;br/&gt;continuando su vida, sumergidos en corrupción moral;&lt;br/&gt;muchos volvieron bien destrozados,&lt;br/&gt;enfermos y mendigantes, para encontrar&lt;br/&gt;un extranjero a cargo en la puerta:&lt;br/&gt;volvieron a casa cuarteados por el sol del Este&lt;br/&gt;y los siete pecados mortales en Siria.&lt;br/&gt;&lt;br/&gt;Pero nuestro Rey obró bien en Acre.&lt;br/&gt;Y a pesar de todo el deshonor,&lt;br/&gt;los estandartes rotos, las vidas rotas,&lt;br/&gt;la fe rota en un lugar o en otro,&lt;br/&gt;quedó algo que era más que relatos&lt;br/&gt;de viejos en noches de invierno.&lt;br/&gt;Sólo la fe pudo haber hecho lo que tuvo de bueno.&lt;br/&gt;La fe entera de unos pocos,&lt;br/&gt;la fe incompleta de muchos.&lt;br/&gt;No la avaricia, lujuria, traición,&lt;br/&gt;envidia, pereza, gula, celos, orgullo:&lt;br/&gt;no fue esto lo que hizo las Cruzadas,&lt;br/&gt;sino esto lo que las deshizo.&lt;br/&gt;&lt;br/&gt;Recuerden la fe que sacó a los hombres de su casa&lt;br/&gt;al clamor de un predicador errante.&lt;br/&gt;Nuestra edad es una edad de virtud moderada&lt;br/&gt;y de vicio moderado&lt;br/&gt;en la que los hombres no depondrán la Cruz&lt;br/&gt;porque nunca la asumirán.&lt;br/&gt;Sin embargo, nada es imposible, nada,&lt;br/&gt;para los hombres de fe y convicción.&lt;br/&gt;Hagamos, por lo tanto, perfecta nuestra voluntad.&lt;br/&gt;Oh Dios, ayúdanos.</description>
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